Albert Salvador Lafuente
Editor de Fraude Interno
Hace ocho años publiqué en Fraude Interno un artículo sobre el método Reid. Explicaba sus nueve pasos y una lógica que entonces seguía teniendo una presencia importante en el ámbito de los interrogatorios. El objetivo era conseguir que una persona bajara sus defensas, reaccionara ante determinadas preguntas y, finalmente, confesara.
Hoy volvería sobre aquella publicación desde una perspectiva distinta. No porque el método haya dejado de existir, sino porque la discusión profesional ha cambiado. La pregunta ya no es solo cómo obtener una confesión. También debemos preguntarnos si esa confesión es fiable y si realmente ayuda a conocer lo ocurrido.
Cuando la confesión era el objetivo
El método Reid parte de una entrevista inicial y, cuando el investigador considera que existen indicios de engaño, avanza hacia una fase mucho más dirigida.
Confrontación, manejo de las negaciones, búsqueda de explicaciones moralmente aceptables y presentación de alternativas forman parte de una secuencia diseñada para reducir la resistencia del entrevistado.
En mi artículo de 2018 describía esta metodología y sus nueve etapas. Incluso algunas de sus técnicas pueden resultar intuitivamente atractivas para quien investiga un fraude. Cuando creemos disponer de evidencias suficientes, conseguir que la persona investigada reconozca lo ocurrido puede parecer la culminación natural del trabajo.
Pero existe un riesgo importante.
Cuando el objetivo de la entrevista pasa a ser confirmar una hipótesis previa, el investigador puede dejar de buscar información y empezar, involuntariamente, a buscar confirmación.
El problema de buscar únicamente una confesión
Durante los últimos años ha aumentado considerablemente la investigación sobre las denominadas falsas confesiones.
Puede resultar contraintuitivo pensar que una persona inocente admita algo que no ha hecho. Sin embargo, la investigación psicológica ha demostrado que puede ocurrir.
La duración de los interrogatorios, determinadas formas de presión, la presentación de evidencias falsas, la minimización de las consecuencias o determinadas vulnerabilidades personales pueden incrementar ese riesgo.
Pero para una investigación corporativa existe además otro problema.
Incluso una confesión verdadera puede convertirse en una mala investigación si constituye prácticamente la única evidencia.
Una investigación sólida debería poder responder qué ocurrió, cómo ocurrió, cuándo, quién participó, qué controles fallaron y qué evidencias independientes permiten sostener esas conclusiones.
La confesión puede formar parte de esa evidencia.
No debería sustituirla.
De interrogar a obtener información
Frente a los modelos más acusatorios han ganado terreno los denominados modelos de investigative interviewing, cuyo propósito principal consiste en obtener información fiable y susceptible de contraste.
Uno de los más conocidos es el modelo PEACE.
Su lógica cambia considerablemente el papel del entrevistador.
Primero se prepara la entrevista. Después se establece una relación adecuada con el entrevistado y se explica el proceso. Se facilita posteriormente que la persona exponga su versión con el menor número posible de interrupciones. Solo después se profundiza, se aclaran inconsistencias y se confronta el relato con otras evidencias.
Finalmente se cierra y se evalúa la información obtenida.
El investigador sigue cuestionando.
Sigue confrontando contradicciones.
Y puede presentar evidencias.
La diferencia está en que no debería comenzar la entrevista dando por demostrada la culpabilidad y tratando posteriormente de conseguir que el entrevistado confirme esa conclusión.
El fraude interno exige escuchar antes de acusar
Esta evolución resulta especialmente relevante en investigaciones internas.
En un fraude corporativo pocas veces disponemos, al comenzar una entrevista, de toda la información.
Podemos tener movimientos contables sospechosos, correos electrónicos, accesos a sistemas, operaciones atípicas, relaciones con determinados proveedores o declaraciones de otros empleados.
Pero normalmente todavía existen piezas que faltan.
La entrevista debería ayudarnos a encontrarlas.
Un buen entrevistador no escucha únicamente para detectar una mentira. Escucha también para identificar nuevos hechos, nombres, documentos, fechas, relaciones y explicaciones que después puedan verificarse.
Una contradicción puede ser relevante.
Pero también puede responder a un recuerdo incompleto, una interpretación diferente de los hechos o simplemente a una pregunta mal formulada.
Por eso debemos ser prudentes cuando pretendemos identificar el engaño exclusivamente mediante comportamientos, gestos o determinadas reacciones emocionales.
Ninguno de esos elementos debería convertirse por sí solo en una prueba de culpabilidad.
La entrevista como una pieza de la investigación
En investigaciones de fraude prefiero considerar la entrevista como una fuente adicional de evidencia.
Antes de realizarla debemos conocer toda la información disponible.
Durante la entrevista debemos obtener una versión lo más completa posible.
Y después debemos contrastarla.
Documentos, registros electrónicos, operaciones financieras, declaraciones de otras personas y cualquier otra evidencia disponible deberían confirmar o cuestionar lo manifestado.
Este planteamiento también reduce un riesgo clásico de cualquier investigador.
El sesgo de confirmación.
Si entramos en una entrevista convencidos de que sabemos quién cometió el fraude, resulta muy fácil interpretar cada silencio, contradicción o gesto como una confirmación de nuestra hipótesis.
Si entramos buscando información, dejamos abierta la posibilidad de descubrir que nuestra hipótesis inicial era incompleta o incluso equivocada.
Ocho años después
Mi artículo de 2018 preguntaba, en cierta forma, cómo obtener lo que queremos cuando interrogamos a alguien.
Hoy cambiaría ligeramente la pregunta.
¿Qué queremos realmente obtener de una entrevista?
Si la respuesta es una confesión, podemos sentirnos tentados a dirigir toda la conversación hacia ella.
Si la respuesta es conocer qué ocurrió, el enfoque cambia.
Necesitamos escuchar, preguntar, contrastar y mantener abiertas diferentes hipótesis durante el mayor tiempo posible.
Una confesión puede ser extraordinariamente útil.
Pero el éxito de una investigación de fraude no consiste únicamente en conseguir que alguien reconozca lo ocurrido.
Consiste en poder demostrarlo.
