Cuando una organización sospecha que puede haberse producido un fraude interno, la entrevista con la persona investigada es uno de los momentos más delicados de todo el proceso. No solo porque de esa conversación puede salir información relevante, sino porque un error en la forma de conducirla puede comprometer la investigación, debilitar futuras decisiones disciplinarias e incluso generar riesgos legales para la propia empresa.

Por eso, más que pensar en técnicas espectaculares o en lecturas improvisadas del comportamiento, conviene centrarse en algo más clásico y más eficaz: evitar errores básicos de método.

1. Llegar a la entrevista sin una preparación suficiente

Uno de los fallos más frecuentes es entrevistar demasiado pronto, sin haber ordenado antes la información disponible. Si el entrevistador no conoce bien los hechos, las fechas, los documentos, los accesos, las operaciones sospechosas o las posibles contradicciones, la conversación queda en manos del entrevistado. Y una vez perdida la iniciativa, recuperarla no siempre es fácil.

En una investigación interna, la entrevista no debería servir para improvisar, sino para contrastar hechos concretos y comprobar explicaciones frente a evidencias ya revisadas.

2. Empezar con un tono acusatorio desde el primer minuto

Otro error habitual es convertir la entrevista en una confrontación inmediata. Cuando el entrevistado percibe desde el inicio que ya ha sido declarado culpable, lo normal es que se cierre, se ponga a la defensiva o limite al máximo sus respuestas.

Eso no significa que la entrevista deba ser blanda. Significa que debe estar bien conducida. En muchos casos, resulta más útil empezar con preguntas abiertas y avanzar después hacia cuestiones más concretas, en lugar de precipitar una acusación frontal sin dar espacio a una versión que luego pueda ser contrastada.

3. Confiar demasiado en el lenguaje corporal

En investigaciones de fraude interno sigue existiendo la tentación de interpretar gestos, silencios, miradas o movimientos como si fueran pruebas de engaño. Es un error. El nerviosismo, la incomodidad o la rigidez pueden deberse a muchas razones, especialmente en una situación de presión laboral.

Lo importante no es si una persona mira más o menos a los ojos, sino si su relato es consistente, si cambia ante preguntas concretas, si evita detalles verificables o si incurre en contradicciones relevantes. El foco debe ponerse en los hechos y en la calidad de la explicación, no en mitos sobre conducta no verbal.

4. Hacer preguntas confusas, largas o mal ordenadas

Un interrogatorio mal estructurado suele generar respuestas pobres. Las preguntas demasiado largas, ambiguas o que mezclan varios asuntos a la vez facilitan la evasión y dificultan el análisis posterior. También es un error saltar sin orden entre temas distintos, porque eso rompe la lógica del relato y complica detectar inconsistencias.

La experiencia demuestra que una entrevista eficaz suele apoyarse en una secuencia clara: contexto, hechos, detalles, aclaraciones y contraste con elementos concretos.

5. Ignorar las implicaciones legales y procedimentales

Quizá sea el error más serio de todos. Una entrevista a un sospechoso de fraude interno puede tener consecuencias laborales, disciplinarias y, en algunos casos, penales. Si no se respetan las garantías necesarias, si no se documenta bien el proceso o si se actúa de forma improcedente, la organización puede debilitar su posición justo cuando más necesita solidez.

Por eso, en asuntos sensibles conviene actuar con método y coordinación con recursos humanos, asesoría jurídica o compliance. Investigar bien no es solo encontrar indicios. Es hacerlo de una manera que resista escrutinio.

Una reflexión final

En fraude interno, una mala entrevista puede dañar más que ayudar. Puede alertar al sospechoso antes de tiempo, contaminar la investigación, generar errores de procedimiento y cerrar la puerta a información que quizá habría surgido con otro enfoque.

Por eso, antes de pensar en cómo presionar más, suele ser más útil recordar algo más elemental: en este terreno, evitar errores básicos sigue siendo una de las mejores herramientas de investigación.