El acceso a información corporativa es necesario para el funcionamiento diario de cualquier organización. Sin embargo, ese acceso legítimo puede convertirse en una fuente de fraude interno cuando un empleado utiliza los datos de la empresa para fines personales o en beneficio de terceros.
Bases de datos de clientes, estrategias comerciales, condiciones contractuales o información financiera constituyen activos estratégicos. Cuando estos datos se copian, se comparten o se utilizan fuera de los fines autorizados, el impacto para la organización puede ser significativo, especialmente si la información termina en manos de un competidor.
Un caso práctico frecuente
Un ejemplo habitual se produce en los departamentos comerciales.
Un responsable de ventas decide abandonar la empresa para incorporarse a un competidor. Antes de marcharse, descarga la base de datos de clientes con información detallada sobre contactos, histórico de compras, condiciones de precio y márgenes comerciales. Semanas después, esos clientes comienzan a recibir ofertas de la nueva empresa con condiciones muy similares a las que tenían anteriormente.
Aunque la información fue obtenida mediante acceso legítimo durante su empleo, su utilización posterior constituye un uso indebido de datos corporativos y puede generar perjuicios comerciales importantes.

En muchas ocasiones, el fraude interno no surge de ataques sofisticados, sino de la utilización indebida de información a la que alguien ya tenía acceso. Por esta razón, la gestión de los datos corporativos se ha convertido en un elemento clave de los sistemas de control interno modernos.
