🕵️♂️ El fraude no nace de la tecnología, sino de la condición humana. Comprender su origen es el primer paso para prevenirlo.

🔺 ¿Qué es el triángulo del fraude?
El triángulo del fraude es un modelo clásico propuesto por Donald Cressey que explica por qué las personas cometen fraudes. Este modelo afirma que tres elementos deben confluir para que ocurra un acto fraudulento:
- Presión: necesidad o impulso que empuja al individuo al límite.
- Oportunidad: debilidad del sistema que permite la acción.
- Justificación: racionalización interna que le permite al infractor seguir viéndose como una buena persona.
A pesar del paso de los años, este enfoque se mantiene vigente y sigue siendo clave para diseñar estrategias preventivas efectivas.
🧩 Los tres vértices que explican el fraude
1. Presión: El detonante invisible
Problemas financieros, expectativas laborales desmedidas o necesidades personales pueden ejercer una presión interna que empuje al individuo a actuar de forma indebida.
2. Oportunidad: La brecha del sistema
Un entorno sin controles, con supervisión laxa o confianza excesiva, abre la puerta al fraude. Este es el punto donde las organizaciones pueden intervenir con mayor eficacia.
3. Justificación: El autoengaño necesario
Para que una persona robe y aún se considere íntegra, necesita justificar su acción. «La empresa se lo merece», «lo devolveré», o «es una sola vez» son pensamientos comunes entre quienes cruzan la línea.
👤 La perspectiva de Albert Salvador
Albert Salvador, experto en prevención del fraude y autor del blog Fraude Interno, subraya que la oportunidad es el factor más controlable desde la gestión empresarial. Mediante controles internos robustos, auditorías frecuentes y una clara cultura de cumplimiento, se puede reducir radicalmente el espacio para el fraude.
Además, destaca que una organización con valores éticos sólidos y liderazgo ejemplar debilita las racionalizaciones y disuade a quienes podrían verse tentados a actuar mal.
🛡️ ¿Cómo romper el triángulo del fraude?
La clave para prevenir el fraude está en interrumpir al menos uno de los tres factores. Si uno falla, el triángulo se rompe y el fraude se vuelve improbable. Algunas estrategias prácticas incluyen:
- ✅ Detectar y aliviar presiones personales o laborales
- ✅ Fortalecer los controles y supervisión continua
- ✅ Fomentar una cultura ética y transparente
🎯 Conclusión: Un modelo clásico, una solución vigente
El triángulo del fraude no ha perdido vigencia. Al contrario, su simplicidad lo hace más necesario que nunca en un entorno empresarial cada vez más complejo. Las organizaciones que entienden sus fundamentos y actúan con inteligencia, coherencia y firmeza están mejor preparadas para prevenir antes que lamentar.
